Antes del Método D®, hubo una pregunta que no me dejaba tranquila.
Durante años, como neumóloga, acompañé a muchas personas que querían dejar de fumar. Lo que vi en ellas —y lo que después viví yo misma— cambió mi forma de entender los hábitos, y dio origen al Método D®.
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No fue el tabaco lo que cambió mi forma de ejercer la medicina.
Durante muchos años trabajé como neumóloga ayudando a personas a dejar de fumar. Recetaba los mejores tratamientos disponibles, hacía seguimiento y celebrábamos juntas las primeras semanas sin tabaco.
Pero con el tiempo ocurría algo que me removía por dentro: muchas de esas personas volvían a fumar.
Y no eran personas descuidadas ni frágiles. Eran madres, empresarios, profesores, sanitarios. Personas disciplinadas y capaces que habían superado retos enormes en su vida.
Aquella pregunta cambió mi carrera. Empecé a estudiar neurociencia, hábitos, regulación emocional y la relación entre la mente y el cuerpo, buscando comprender una parte del problema que no aparecía en los manuales.
Así comenzó el camino que acabaría convirtiéndose en el Método D®.
El mismo patrón, esta vez en mi propia vida.
Años después de empezar con el tabaco, descubrí algo inesperado: el mismo mecanismo que veía cada día en mis pacientes fumadores también aparecía en un terreno mucho más cercano, mi propia relación con la comida.
Durante años, mi peso subió y bajó. Y no era por falta de conocimiento: soy médica, sé perfectamente lo que hay que hacer. Lo notaba sobre todo en las guardias. Llegaba la noche agotada y, casi sin decidirlo, acababa delante de la máquina de comida basura. Sabía que tenía que moverme, pero pasaba el día encerrada en la consulta, frente al ordenador.
En 2020 atravesé una etapa muy difícil, tanto en el hospital como en mi vida personal. Aquella experiencia me obligó a buscar herramientas diferentes para gestionar el estrés y los automatismos de mi propia mente. Primero las utilicé conmigo. Después, con mis pacientes. Y los resultados empezaron a cambiar.
Así, el método que había nacido para dejar de fumar se convirtió también en una forma de cambiar la relación con la comida.
Aprender siempre, para cuidar mejor
Creo profundamente que un médico nunca deja de aprender. Por eso sigo formándome en las disciplinas que me permiten ayudar mejor a mis pacientes:
Como médica colegiada, cuando está indicado, también puedo integrar tratamiento farmacológico tras una valoración individual.
Creo que nadie repite un hábito durante veinte años por un defecto personal. Lo repite porque su cerebro lo aprendió.
Y creo que, igual que el cerebro aprende un hábito, también puede aprender uno nuevo.
Por eso mi trabajo no consiste solo en ayudarte a dejar de fumar o a mejorar tu relación con la comida. Consiste en enseñarte a que ya no necesites hacerlo.
Algunas cosas sobre mí
Me emociona recibir el mensaje de una paciente que dice: «Ya no pienso en el tabaco».
Sigo estudiando porque la medicina nunca deja de avanzar.
Creo que escuchar bien es parte del tratamiento.
Disfruto viajando porque cada cultura me enseña una forma distinta de entender la salud.
Me apasiona entender cómo funciona el cerebro.
Siempre encuentro tiempo para leer.
Necesito caminar al aire libre para ordenar las ideas.
Lo que cuentan quienes ya han cambiado el patrón
«Poco a poco, casi sin darme cuenta, me convertí en no fumadora. No fue una lucha: un día simplemente ya no lo era.»
«Llevaba 15 años fumando y lo había intentado todo. Es la primera vez que no he sentido esa pelea constante por dentro.»
«Las técnicas de respiración acabé usándolas en el día a día, en cualquier momento de estrés, no solo con el tabaco.»
«No me hizo sentir culpable ni una sola vez. Y eso, para mí, lo cambió todo.»
Testimonios reales de pacientes de tabaco. Peso Inteligente estrena su primer grupo. No sustituyen consejo médico ni garantizan resultados individuales.
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